Adaptándonos al cambio climático en Colombia

Colombia sólo está comenzando a abordar los riesgos climáticos y la competencia por los recursos hídricos, pero tiene una fuerte comunidad de práctica comprometida y lista para afrontar el reto. En esta nota, Marisa Escobar comparte algunas de las lecciones aprendidas de un proyecto para desarrollar la capacidad de adaptación al cambio climático en las cuencas hidrográficas del país.

Entre 2012 y 2015 tuve el honor de dirigir un importante proyecto en Colombia, mi país, con el objetivo de desarrollar la capacidad de adaptación al cambio climático en las cuencas hidrográficas del país a través del modelado, la capacitación técnica, y procesos participativos.

El proyecto, Ríos del Páramo al Valle, por Urbes y Campiñas, fue financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Utilizando un método que llamamos apoyo a decisiones robustas (ADR), SEI, colegas académicos y ONGs colombianas trabajamos con las agencias regionales del manejo de recursos naturales (Corporaciones Autónomas Regionales, o CARs). Evaluamos los riesgos y las distintas demandas que compiten por el agua, e identificamos opciones de adaptación para reducir la vulnerabilidad, apoyar el desarrollo sostenible, y ayudar a conservar ecosistemas frágiles.

Colombia es rica en recursos hídricos, pero algunos de sus mayores ríos han sido alterados enormemente para proporcionar energía hidroeléctrica y agua para la irrigación, la industria y el uso doméstico, lo cual afecta la cantidad y la calidad del agua. Este año en particular, un fuerte El Niño ha reducido los flujos, planteando dudas sobre la confiabilidad del suministro de agua del país. Está claro que Colombia tendrá que gestionar sus recursos con cuidado – más aún durante el post conflicto, cuando los medios de vida de las comunidades rurales serán clave.

A través de este proyecto, creamos nueva capacidad en instituciones colombianas para el análisis de la adaptación al clima, demostramos el uso de importantes herramientas y metodologías, y conectamos las experiencias locales en las cuencas con el discurso a nivel nacional sobre la planificación y las respuestas al cambio climático.

Las medidas de adaptación que identificamos incluyen la conservación ecológica, la definición de los caudales ambientales, la gestión de los humedales, la construcción de nuevas instalaciones de almacenamiento, mejoras en el diseño y la operación de las instalaciones hidroeléctricas, el tratamiento y la reutilización de las aguas residuales urbanas y agrícolas, la reducción de la extracción de agua no contabilizada, y mejoras en la eficiencia del riego.

Aunque nuestro proyecto ha terminado, queda mucho por hacer. Con base en nuestro informe final, nos gustaría recomendar “mejores prácticas” para el desarrollo de la capacidad de adaptación en la gestión de los recursos hídricos. Nos centramos en Colombia, pero estas lecciones son relevantes para otros países también:

Para aumentar la capacidad técnica para la adaptación:

Capacitar al personal técnico clave en cada institución: La planificación eficaz requiere el uso de herramientas sofisticadas, como el sistema WEAP(Evaluación y Planificación del Agua) de SEI, y el personal de las agencias clave debe estar capacitado para utilizarlas. Eso requiere tiempo y recursos, pero es crucial. Los profesionales seleccionados deben tener una formación en hidrología y recursos hídricos, y preferiblemente experiencia en el uso de modelos.

Mantener un contacto sostenido: Nuestro proyecto introdujo un enfoque completamente nuevo para la planificación de los recursos hídricos. Para garantizar que este enfoque se integre en el trabajo estándar de las organizaciones, es importante mantener el contacto y la interacción. Idealmente, se necesita un experto residente para apoyar al personal de cada agencia. También es esencial reunirse periódicamente con el liderazgo (en este caso, los directores de CARs) para construir su capacidad técnica y fortalecer las relaciones.

Generar oportunidades para el intercambio de ideas sobre la adaptación climática a nivel de cuencas: Las comunidades de práctica son esenciales para el intercambio de conocimiento y la capacitación. Los intercambios pueden centrarse en el modelado u otras cuestiones técnicas, o en opciones de adaptación prometedoras. A nivel de definiciones de políticas, estos intercambios podrían centrarse en cómo el aprendizaje a nivel de cuenca puede contribuir al perfeccionamiento de las políticas y la creación de sistemas a nivel nacional.

Usar historias de cambio para resaltar el impacto del trabajo de planificación: Uno de los principales resultados de nuestro proyecto es que 40 expertos colombianos están plenamente conscientes del proceso ADR y tienen gran capacidad para articular las necesidades de adaptación al clima en Colombia. Sus historias – y los resultados de nuestro trabajo en las cuencas individuales – resaltan el valor de este trabajo y ofrecen lecciones para otros. Vale la pena seguir recopilando y compartiendo historias de cambio.

Para aumentar el impacto y conectar la toma de decisiones al nivel local, regional y nacional:

Hacer del agua el eje central de los debates nacionales: Colombia no puede tomar sus recursos hídricos como si fueran garantizados. A pesar del marco jurídico establecido por ley en el 1993, y la creación de las CARs, los problemas continúan. Los responsables políticos deben reconocer estos problemas, y trabajar con los agentes locales y regionales para identificar soluciones adecuadas.

Reconocer cómo la planificación del uso del suelo afecta la gestión de los recursos hídricos: El uso y la distribución de la tierra es el eje central del conflicto en Colombia – y también será el eje central del proceso de paz. Colombia tiene 20 millones de hectáreas que puede utilizar para la producción agrícola, pero sólo está usando 5 millones. Otros 40 millones se usan para la ganadería extensiva, la cual se podría reducir a 5 millones si se mejoran los sistemas de producción ganadera. La planificación del uso del suelo es una prioridad en la era post-conflicto. Este enfoque resalta uno de los principales retos para la gestión del agua: reconocer su estrecha relación con la planificación del uso del suelo.

Conectar los temas del proyecto a las prioridades nacionales: En este momento en Colombia, nada importa más que el proceso de paz: todo el pueblo espera ansiosamente los resultados. En nuestro proyecto, conectamos los temas del simposio final con el proceso de paz, y eso nos brindó la oportunidad de aumentar la conciencia sobre la importancia de la planificación de las cuencas y el desarrollo sostenible. La planificación del uso del suelo y del agua debe ser un tema central del proceso de paz en Colombia.

Articular claramente cómo las acciones recomendadas encajan con las prioridades nacionales: Reconocer la importancia de la gestión de los recursos hídricos para el desarrollo sostenible y la paz es sólo el primer paso. Para ser viables, se tienen que conectar las estrategias de adaptación identificadas a través de los procesos de modelización y planificación participativa con las políticas y prioridades nacionales.

Mantener contacto con los responsables nacionales de financiación para la adaptación: Los puntos focales nacionales de las distintas fuentes de financiación para la adaptación son actores clave, con los que se deben desarrollar y mantener buenas relaciones. A medida que los organismos regionales elaboren sus propuestas de adaptación de los recursos hídricos, con base en las políticas nacionales y los acuerdos de paz, tienen que informar a los puntos focales, destacando los riesgos climáticos relevantes y cómo las medidas a abordar, para asegurarse de que pueden recibir financiación.

Como colombiana, estoy emocionada por el futuro de mi país, y me alegra haber podido contribuir a la capacitación para apoyar el desarrollo sostenible y resiliente. El trabajo sigue, pero nuestro proyecto ya ha hecho una diferencia. Colombia sólo está comenzando a abordar los riesgos climáticos y la competencia por los recursos hídricos, pero ahora tiene una fuerte comunidad de práctica comprometida y lista para afrontar el reto.

Marisa Escobar Arias es científica senior en el Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI), en Davis, Calif., EEUU.

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