Climate Deal 2015

América Latina apuesta por adaptación en sus INDC

Suceda lo que suceda en París, México, Chile, Costa Rica, Colombia y Perú –entre otros visionarios de la región– han avanzadon hacia una respuesta más integral al principal reto del siglo XXI: la construcción de sociedad limpias y resilientes, con espacio para crecimiento económico y protección de la biodiversidad.

Octubre empezó con una grata noticia: un grupo de países de América Latina prometió en sus contribuciones climáticas hacer más limpias sus economías, pero también tomar pasos claves para construir sociedades menos vulnerables a los impactos climáticos.

Estas contribuciones nacionales serán el corazón del nuevo acuerdo mundial que se firmará este diciembre en la Cumbre Climática de París. Por esto, su contenido será crucial para cada país.

México, Chile, Costa Rica, Colombia y Perú –entre otros visionarios de la región– comprendieron que responder efectivamente al cambio climático necesita energía renovable, pero también personas y empresas más seguras. Las contribuciones nacionales (INDC, en inglés) que presentaron ante las Naciones Unidas coomo parte del nuevo acuerdo climático a ser firmado en diciembre incluyen compromisos de adaptación concretos y esta es una de las mejores noticias del año.

¿Por qué es importante esto? Porque si los riesgos climáticos no son gestionados, estos tendrán un efecto en toda la sociedad. Estos INDCs sugieren que los países mencionados empiezan a tomar en serio el tema de la adaptación y que buscan poner en práctica medidas innovadoras, ambiciosas e inclusivas para reducir sus vulnerabilidades. Esta es una señal nueva para empresas y ciudadanos: América Latina quieren ser más resiliente en un futuro bajo en carbono.

Estas contribuciones climáticas escapan el tradicional cajón ambiental donde hemos colocado al cambio climático porque tendrán efecto en toda la sociedad. Bien implementadas, estas estrategias de adaptación mejorarán nuestra vida urbana, protegerán la productividad agrícola e industrial e incluso serán cruciales en reducir la pobreza en la región.

El compromiso de estas naciones no debería resultar sorpresivo. México y AILAC (grupo de 7 países al que pertenecen Perú, Chile, Costa Rica y Colombia) firmaron el año pasado un manifiesto apoyando más adaptación en las políticas climáticas, especialmente en el nuevo Acuerdo de París de forma que no toda la atención esté centrada en la mitigación de gases de invernadero.

Sin embargo, estos documentos nacionales ofrecen asideros para traducir las buenas intenciones en políticas locales, donde los ciudadanos comprometidos, las organizaciones, las empresas y los gobiernos locales puedan sumarse con sus propias acciones.

¿Qué proponen exactamente?

Estas naciones han puesto explícitas las prioridades de desarrollo más tradicionales: mantener el crecimiento económico y mejorar las condiciones de vida del 25% de latinoamericanos bajo la línea de pobreza. Lo que ahora se agrega es que la única manera de lograr esto en el siglo XXI será previendo los impactos climáticos y planificando nuestra respuesta.

México, el primer país de América Latina y uno de los primeros del mundo en presentar su contribución climática, pone un énfasis en reducir el impacto climático en las comunidades más pobres. Esto es clave por dos motivos: aquellos con menos recursos son más vulnerables y México es el único país latinoamericano que no ha logrado reducir sus niveles de pobreza.

Para esto, el país enfocará el trabajo local y mejorará las capacidades de adaptación en al menos 50% de sus municipios calificados como “más vulnerables”, con sistemas de alerta temprana y manejo de riesgo.

Un elemento clave serán los bosques, que aseguran los ecosistemas y proveen oportunidades de crecimiento para las comunidades. México quiere alcanzar el 2030 con una tasa de deforestación del 0%, una meta que tiene una sinergía positiva fuerte con sus acciones de mitigación.

A inicios de setiembre, un webinar conjunto entre Nivela y ConexionCOP evaluó los INDC de Chile, Colombia y Perú, abarcando tanto los componentes de mitigación como los de adaptación.

Chile ya tiene con un plan para el sector silvoagropecuario y otro para el sector biodiversidad. Como parte de su INDC, espera definir planes para pesca y acuicultura, salud, ciudades, recursos hídricos, infraestructura, turismo y energía. Además busca desarrollar una metodología clara de indicadores para medir el avance, dado que es más complejo de cuantificar.

“Ya contamos con un Plan Nacional de Adaptación y se define que al 2018 vamos a contar con nueve planes para los llamados sectores prioritarios en términos de vulnerabilidad”, apuntó Paola Vasconi de Adapt-Chile.

En su caso, es fundamental que ya tienen el Plan Nacional, lo que aún hace falta definir en motros países.

¿Qué plantea Perú? Una meta híbrida que combina elementos cuantitativos y cualitativos y que se cimienta sobre cuatro grandes objetivos: reducir el número de afectados y damnificados por el cambio climático (en al menos 50%), reducir la población vulnerable (en un 25%), reducir la reincidencia en la pobreza por impactos climáticos y reducir el Producto Interno Bruto que se pierde por fenómenos extremos (en un 50%).

Para hacerlo, su INDC se enfoca en sectores clave: agua, agricultura, pesca, ciudades, bosques y salud.

“A la vez que tiene acciones transversales en gestión de riesgos, infraestructura (que llaman blindaje climático), la reducción de pobreza y generar mayores esquemas innovadores para la acción privada”, explicó en el webinario María Elena Gutiérrez, investigadora de Libélula. El documento final también incluyó una acción en género e interculturalidad.

Por su parte, Colombia presentó su INDC con un robusto componente de adaptación sustentado también en su Plan Nacional de Adaptación.

Los cafetaleros se apoyan fuertemente en la institucionalidad con planes climáticos en todo el territorio, más educación sobre el tema y un sistema nacional de indicadores para verificar avances o retrocesos. Además, se pone énfasis en diez gremios agrícolas y seis sectores claves de la economía. El plan especifica la importancia de ecosistemas claves como cuencas, páramos y bosques (plantean tener 2,5 millones de hectáreas protegidas más).

“Los páramos proveen el agua que consumen el 85% de los colombianos, entonces es un ecosistema muy estratégico para nosotros”, explicó Carolina García, de WWF Colombia.

La contribución de Costa Rica se apoya sobre el concepto de acción climática, donde uno de los dos ejes más importantes es el fortalecimiento de su resiliencia. El país ha basado históricamente sus compromisos climáticos en la mitigación (el país emite cerca del 0,02% de las emisiones globales) y este fuerte enfoque de adaptación en su contribución nacional es un buen paso.

El país promete crear su propio Plan Nacional de Adaptación y una Política Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres 2016-2030 para estar mejor preparando ante los impactos climáticos. Esta planificación en adaptación es inédita para el país y refuerza la tendencia regional de que los gobiernos están tomándose el reto climático en serio.

Suceda lo que suceda en París, estos cinco países y otros más de la región avanzaron hacia una respuesta más integral al principal reto del siglo XXI: la construcción de sociedad limpias y resilientes, con espacio para crecimiento económico y protección de la biodiversidad. El camino está puesto para que la sociedad civil reclame la implementación de estas acciones y proponga sus propias iniciativas que las complementen.

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