Climate Deal 2015

¿Podrá la diplomacia latinoamericana de la COP21 despertar interés en casa por el acuerdo de París?

París fue un triunfo diplomático de Latinoamérica. Fueron varios los países de la región que unieron fuerzas con otras naciones en la conferencia sobre el climático de la ONU, o la “COP21”, en la capital francesa para asegurar un nuevo acuerdo pionero. A partir del éxito de dicha iniciativa diplomática, estas naciones pueden vender con una buena base de credibilidad el acuerdo de París en casa, lo que puede fomentar una cierta sensación de pertenencia y responsabilidad colectiva para respaldar su puesta en práctica.

El equipo ganador

Los pequeños estados insulares y países de renta media, entre ellos muchos de Latinoamérica, unieron fuerzas en París de manera inédita hasta la fecha.

El Foro de Vulnerabilidad Climática (Climate Vulnerable Forum) en el que participan 43 países en vías de desarrollo, como Costa Rica, la República Dominicana, Guatemala y Honduras contribuyó a marcar la pauta para lograr un ambicioso final en París. El Foro mereció amplio reconocimiento por defender la inclusión en el acuerdo del objetivo de 1,5 grados y por solicitar el 100% de energía renovable para el año 2050.

El surgimiento de la “Coalición de Gran Ambición” (High Ambition Coalition) también fue decisivo para el éxito de la conferencia. Este nuevo grupo de países, que no es un bloque negociador, fue convocado por el antiguo ministro de asuntos exteriores de las Islas Marshall, Tony de Brum. En julio del año pasado, de Brum comenzó a organizar reuniones informales de ministros como actos periféricos de otros eventos, por ejemplo la Asamblea General de la ONU.

Entre los puntos fundamentales de la Coalición de Gran Ambición para alcanzar un nuevo acuerdo estaban la fijación de un objetivo a largo plazo que consistiera en limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados, la inclusión de ciclos quinquenales de revisión de las promesas de reducción de emisiones y la garantía de que los países desarrollados aportarían 100 mil millones de dólares anuales en concepto de financiación climática a partir de 2020. Varios de estos puntos se incluyeron en el acuerdo de París.

Chile, Colombia, Perú y Costa Rica, que forman parte de la Asociación Independiente de Latinoamérica y el Caribe (AILAC), y México, participaron en las reuniones informales de de Brum antes de la COP21. Estos sucedieron en simultáneo y complementaron el Diálogo de Cartagena para la Acción Progresiva, donde las Islas Marshall participaron activamente. El Diálogo incluye una combinación de países desarrollados y en vías de desarrollo que trabajan para acortar la división Norte-Sur y para alcanzar un acuerdo ambicioso. Tanto México como Colombia, Costa Rica, Perú y Chile desempeñaron un papel fundamental en la creación del Diálogo de Cartagena, por lo que el nuevo grupo de de Brum se creó de forma natural.

En una conferencia de prensa celebrada el 9 de diciembre, de Brum anunció oficialmente la coalición rodeado de ministros y enviados especiales de México, diversos países pertenecientes a la AILAC, Estados Unidos, Alemania, la UE, Gambia y Tuvalu. Finalmente, la coalición reunió a unos100 países, incluido Brasil, que anunció su apoyo el último día oficial de la conferencia.

La lucha por un acuerdo audaz

A medida que el tiempo se iba agotando en las negociaciones, diversos países como México, Brasil y otros países de la AILAC colaboraron para acercar las propuestas sobre las partes más espinosas del borrador. Fue un esfuerzo de valor incalculable dada la tendencia de las negociaciones a caer en la elaboración de políticas arriesgadas carentes de garantía.

El apoyo de Brasil, México y la AILAC a la Coalición de Gran Ambición no responde a una postura meramente política. Las demandas fundamentales de la Coalición se solapan con algunas posturas de estos países. Tras la debacle de la cumbre climática de Copenhague de 2009, donde las negociaciones cayeron en picada y colapsaron, estos países tenían muy claro que el texto del borrador necesitaba una pista de aterrizaje viable. Alentada por la muy competente presidencia francesa de la COP21, la coalición ofreció el aeropuerto idóneo para que el nuevo acuerdo aterrizara sano y salvo.

El papel que desempeñan el Foro de Vulnerabilidad Climática y la Coalición de Gran Ambición complementa diversos compromisos de los países latinoamericanos tanto antes como durante la COP21.

Brasil

La última contribución de Brasil a las negociaciones climáticas de la ONU ha sido más constructiva en comparación a años anteriores, motivo por el cual se le consideraba un país de línea dura, sobre todo en cuanto a responsabilidades históricas de los países desarrollados respecto a la reducción de emisiones. El éxito de dos encuentros bilaterales entre la presidenta de Brasil, Rousseff, y el presidente de EEUU, Obama, y la canciller alemana, Merkel, celebrados en 2015, así como la asistencia de Rousseff a la cumbre de París son señales importantes del compromiso de Brasil con un acuerdo ambicioso.

Su contribución prevista y determinada a nivel nacional (INDC), que incorpora el único objetivo absoluto de reducción de emisiones aplicable al conjunto de la economía establecido por un país en vías de desarrollo, también fue una señal positiva de que el país podría presionar para que el resultado de París fuera exitoso. Durante la segunda semana, en un alarde de su compromiso personal, los presidentes Obama y Rousseff hablaron por teléfono para discutir las negociaciones.

México

Tras la habilidad demostrada por México en la celebración de la cumbre climática de la ONU en Cancún 2010, el país ha pasado a ser un actor indispensable y muy respetado en las negociaciones. Como muestra de su compromiso con el proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés), México fue el primer país en vías de desarrollo que presentó su INDC, que señala el año 2026 como año de máximas emisiones, cuatro años por delante de China.

La presentación de la INDC coincidió con una reunión entre los presidentes Obama y Peña Nieto en la que anunciaron planes para aumentar la cooperación bilateral en materia del cambio climático y desarrollo de bajas emisiones de carbono mediante un grupo de trabajo dedicado a la elaboración de políticas climáticas y energía limpia. Además, el presidente Peña Nieto asistió a la COP21 y declaró que el crecimiento económico también se puede lograr protegiendo el medio ambiente.

AILAC

Desde su creación en 2012, la AILAC ha resultado un actor indispensable en las negociaciones climáticas de la ONU. En su intervención inicial en París, hizo un llamamiento para que el nuevo acuerdo incluyera el objetivo de 1,5 grados centígrados. También anunció que Honduras se había sumado a Colombia, Chile, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Paraguay y Perú, lo que supone un importante respaldo del grupo.

El esfuerzo diplomático de Perú cuando ocupó la presidencia de la COP20 y durante todo el año 2015, en estrecha colaboración con Francia, se ha considerado de vital importancia para garantizar la continuidad y el esfuerzo político previo a la COP21. Los dos países colaboraron estrechamente en el Programa de Acción Lima-París, dirigido a catalizar la toma de medidas climáticas tanto por parte de los países como de los actores no estatales a fin de apoyar el nuevo acuerdo.

Qué papel desempeñan otros países latinoamericanos

Otros países latinoamericanos, como Argentina y Venezuela, también desempeñaron un papel importante en París a pesar de no formar parte del Foro de Vulnerabilidad Climática o de la Coalición de Gran Ambición. Pese a un bloqueo inicial, estos países respaldaron finalmente el acuerdo de París.

Las elecciones presidenciales de Argentina influyeron directamente en la postura que el país mantuvo en la COP. A pesar de no prestar juramento hasta el 10 de diciembre, el presidente electo Mauricio Macri envió a su representante medioambiental más importante, Juan Carlos Villalonga, a París, donde anunció que Argentina apoyaría el objetivo de 1,5 grados centígrados, un objetivo que la delegación Argentina había intentado bloquear con anterioridad.

Venezuela anunció en un principio que no daría a conocer su INDC hasta saber el resultado de las negociaciones. Tras la aprobación del acuerdo, Venezuela presentó su INDC, enteramente condicionada, que incluye el objetivo de reducir las emisiones en un 20% para el año 2030, basándose en un escenario de actividad sin cambios. Pese a bloquear inicialmente el texto relativo al objetivo de 1,5 grados y la mitigación a largo plazo, Venezuela ha apoyado finalmente el acuerdo de París, que incluye estos dos puntos.

Mantener el pie en el acelerador

El acuerdo de París, que es jurídicamente vinculante, entrará en vigor cuando al menos 55 partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, lo que representa al menos un 55 por ciento de las emisiones totales globales, lo hayan ratificado. Los países podrán firmar el acuerdo a partir del próximo mes de abril en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York. Dado el papel proactivo de los países latinoamericanos en asegurar el acuerdo y el nivel de preocupación demostrado por sus ciudadanos respecto a los impactos climáticos, cabe suponer que estos países serán los primeros en firmar el acuerdo, lo que sería una declaración muy positiva en apoyo de su puesta en práctica.

Aunque pueda parecer que el año 2020 está aún lejos, es importante que los países sigan desarrollando y aplicando sus políticas climáticas para reducir emisiones y disminuir su vulnerabilidad al riesgo climático. Es cierto que Latinoamérica sólo es responsable del 10% de las emisiones globales, sin embargo el papel que puede desempeñar es muy importante. Las emisiones del sector energético, incluidos la producción eléctrica y el transporte, están aumentando a gran velocidad debido al gran aumento de demanda energética y de propiedad de vehículos privados.

Las INDC de los países latinoamericanos no son lo suficientemente ambiciosas. En su mayoría son incompatibles con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura media global por debajo de los 2 grados, o de 1,5 grados. Los ciclos quinquenales de revisión para aumentar el grado de ambición comenzarán en 2018 (y seguirán cada cinco años) para reflexionar y revisar a nivel global el conjunto actual de contribuciones que se van a presentar nuevamente en 2020. Los países latinoamericanos están en condiciones de elaborar contribuciones más ambiciosas que se adapten a los objetivos de temperatura del acuerdo de París.

Esto es absolutamente viable. El New Climate Institute señala que el proceso de las INDC ha dado un impulso prometedor a la planificación nacional de políticas climáticas. Las INDC actúan como catalizador para el desarrollo de nuevas políticas, legislación y planes para la puesta en práctica; además, agrandan indirectamente la ambición previa al año 2020. Sin embargo, el impacto de las INDC fue limitado en algunos países por escasez de tiempo para elaborar planes detallados de ejecución y una evaluación exhaustiva de las necesidades de apoyo y financiación. Esto se puede subsanar antes del año 2018.

En segundo lugar, un informe de UNEP DTU Partnership señala que Latinoamérica y el Caribe podrían lograr una economía regional de carbono neto cero para el año 2050. El informe menciona una serie de medidas para tal fin, entre ellas la descarbonización total del sector eléctrico, la electrificación generalizada del sector del transporte, reducir a cero la deforestación e impulsar la reforestación y la restauración del suelo, y la descarbonización de la industria. Estas medidas podrían complementar las iniciativas para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como mejorar la seguridad alimentaria y los medios de vida a partir de la restauración del suelo y reducir la contaminación atmosférica de las ciudades mediante la electrificación del transporte.

Cómo vender el acuerdo de París en casa

El difícil periodo económico que atraviesa Latinoamérica podría poner en peligro la toma de medidas climáticas y ambientales, que dejarían de ser prioritarias en los programas políticos. Por lo tanto, es de vital importancia encuadrar el acuerdo de París en un marco de oportunidad, no de carga.

Los gobiernos, la sociedad civil y las empresas deben concentrarse en los beneficios que aporta la aplicación del nuevo acuerdo, entre ellos la perspectiva de crear nuevos puestos de trabajo y aumentar la inversión en sectores de bajas emisiones de carbono, especialmente en sistemas de energía renovable y transporte eléctrico. Estimular el respaldo público y entender bien el acuerdo de París son requisitos previos no sólo para aumentar la ambición sino para garantizar que el cambio climático permanezca en los programas políticos.

La sociedad civil latinoamericana y la participación del sector privado son fundamentales para garantizar la puesta en práctica del acuerdo de París. El proceso de elaboración de las INDC de 2015 en toda Latinoamérica mostró un interesante potencial para democratizar los debates sobre el cambio climático y mejorar el nivel de participación de los actores no estatales. Salvo una o dos excepciones, esta oportunidad no se ha tenido en cuenta.

Las consultas públicas deben llevarse a cabo con coherencia y de modo inclusivo y transparente, no como talleres específicos o encuestas técnicas online. Es imprescindible llevar a cabo una serie de consultas públicas bien organizadas, con gobiernos dispuestos a revisar las propuestas de los ciudadanos y someterlas a debate público si es necesario. La participación del sector privado también es fundamental para maximizar el diálogo público-privado, alentar la toma de medidas climáticas y comprender mejor la postura de quienes brindan menor apoyo a las políticas climáticas.

Si se pone la mira global en 2018 y mayor énfasis en la transparencia del nuevo acuerdo, la próxima ronda de elaboración de contribuciones determinadas a nivel nacional podría estimular y aumentar el sentido de pertenencia y responsabilidad nacional de las decisiones climáticas.

Asegurar un nuevo acuerdo sobre el cambio climático ha sido un paso adelante gigantesco. Ahora es momento de promoverlo no sólo a través de los gobiernos y los ministros de asuntos exteriores y de medio ambiente sino haciendo partícipes a los ciudadanos y las empresas. Sólo se podrán cumplir los objetivos si se crea un sentido de responsabilidad y pertenencia conjunta y si se siguen desarrollando y aplicando políticas climáticas.

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