Enfrentar el reto climático requiere mayor imaginación política

Necesitamos una visión que gane apoyo en la política, en el empresariado, en la ciudadanía anclada en sociedades modernas, limpias y seguras. Sería lo más justo para las mayorías. Y estamos en un momento fértil ya que algunas señales son más positivas de las que teníamos hace un año. La pregunta es si nuestros gobiernos estarán a la altura del reto de tomar decisiones a favor de un nuevo tipo de infrastructura y desarrollo.

Los esfuerzos por reducir el calentamiento global ganan tracción política a nivel internacional a pesar de la sistemática resistencia al cambio. Esta dinámica global debe renovar el debate económico y político en nuestros países.

Finalmente Obama tomó la decisión de frenar las emisiones domésticas de las plantas de generación eléctrica a pesar de la resistencia de dicha industria, de los republicanos y hasta algunos demócratas. Esta decisión energética y climática, la más ambiciosa jamás adoptada por un presidente estadounidense, podría a su vez empujar a China a hacer un anuncio “reflejo” dada, además, su coyuntura local de un aire cada vez más contaminado y una ciudadanía cada vez más alarmada. Lo que hagan EEUU y China tiene implicaciones globales porque ambos emiten casi 45% de las emisiones de carbono del mundo.

Los compromisos climáticos de la Unión Europea siguen en pie a pesar de sus difíciles circunstancias económicas y el cabildeo anti-climático de la industria sobretodo del carbón. Y cabe recalcar que el número de países en desarrollo, en particular de América Latina, que hoy tienen metas climáticas y de energía renovable hubiera sido insólito hace 5 años. Empresas y ciudades – grandes y pequeñas – adoptan medidas climáticas, porque sienten los efectos del cambio climático en su quehacer diario. Hasta los líderes religiosos hablan ya de la responsabilidad climática como parte de su quehacer.

Y sin embargo lo que hacemos no es aún suficiente. En su más reciente Informe, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) explica que vamos hacia un mundo climáticamente inseguro, pues la suma de las acciones quiebra el patrón de emisiones de gases de invernadero. Además, incluso si se quebrara, la gestión del riesgo será de todas formas indispensable ya que el mundo tendrá que enfrentar el calentamiento global debido a las emisiones acumuladas por siglos de actividad industrial y crecimiento de la población global.

Para comunicar dicha complejidad al público no científico se usa el concepto de un presupuesto global de carbono: son la cantidad de emisiones de carbono que se puede “consumir” entre 2011 y 2100 antes de cruzar ese umbral climático peligroso. Si se usan los datos de usos actuales, nos damos cuenta que tendríamos unos 25 años para consumirlo.

La trayectoria racional sería acelerar la des-carbonización de la matriz energética global y la adopción de un modelo energético que permita nuevos modelos de transporte, las ciudades y la industria. A nivel cotidiano, la gran oportunidad es el replanteamiento de “la ciudad”. No es casual que este año 22.000 personas en Medellín batieran el récord de asistencia en el Foro Urbano Mundial. Incluso si no hubiera cambio climático, las ciudades que sean sostenibles generarán grandes beneficios.

Ningún país o ciudad podrá resolver el reto climático por su propia cuenta. El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, insiste en la misión de reunir en Nueva York a los Jefes de Estado en setiembre para consolidar el momentum climático. Francia será anfitrión de la Cumbre climática en París en 2015, donde deberá firmar un acuerdo climático global con obligaciones para todos. Lima será la antesala ya que en diciembre de este año los gobiernos deberán acordar un borrador de dicho acuerdo.

Resistencia.

Que no quepa duda, la resistencia contra de la agenda climática continúa y se le dice al público:

“No está probado que el cambio climático exista ni que sea causado por los humanos”

Esto es falso ya que se trata de un argumento científico ya resuelto. Un 97% de la comunidad científica conformada por miles de científicos. Lo que es más grave de esta tergiversación es que el cambio climático no solo es real, sino que además sí está probado que las emisiones causadas por la actividad humana están a la base del problema. La fuente en esta materia es el Panel Internacional Gubernamental de Cambio Climático (IPCC) y su más reciente informe.

“Las acciones climáticas serían demasiado caras”

Es lo contrario. Sale caro evadir el problema hoy y actuar mañana. El IPCC ha calculado que la pérdida de Producto Interno Bruto a nivel global como resultado de los impactos climáticos sería de 0.2 y 2%. El costo de las acciones climáticas es más bajo que el costo de no cambiar. En setiembre saldrá un estudio detallado (“New Climate Economy”) elaborado por una comisión internacional de economistas y expresidentes.

“La acción climática daña el desarrollo y a los pobres.”

Son justamente los impactos del cambio climático los que más dañan el desarrollo y a los pobres en particular. Un país que deba usar 1% o 2% de su PIB para lidiar con impactos climáticos destructivos tendrá que desviar su inversión social. El informe del Banco Mundial “Turn Down The Heat”, llamado informalmente “Un mundo de 4 grados”, detalla impactos para los países pobres en un escenario en el cual el cambio climático alcanza niveles peligrosos.

Hay que insistir en los beneficios de la transición. Desde las ganancias para la salud del transporte limpio y digno hasta la creación del trabajos con futuro. Invertir un millón de euros en intervenciones de eficiencia energética genera entre 17 y 19 empleos. Solo en 2013, se crearon 6.5 millones de trabajos en el sector de renovables alrededor del mundo. La expansión de la industria de renovables ha contribuido a la baja sistemática en sus costos y ha llevado a que los precios de la energía solar bajará 80% en cinco años.

Renovación.

Preparar a nuestros países para un siglo marcado por el cambio climático llama a una renovación del imaginario político. Necesitamos nuevos expertos en materia energética que no reduzcan el gran reto país a unas ideas trilladas sobre “precios” de la electricidad y gasolina. Quizás implica mostrar por qué el país necesita mejores modelos urbanos y de transporte. Necesitamos nuevas plataformas ciudadanas para crear demanda por dichos modelos.

El debate energético no es un fin en si mismo. Debe ser parte de un Plan Nacional de infraestructura al 2030 con metas intermedias, una hoja de ruta financiera y negociado a puerta abierta. Una nueva visión de infraestructura – incluido su modelo de licitación – será la columna vertebral que nos sostendrá o nos hará caer como país. ¿Estamos conscientes de cuánto avanzan otros en la dirección renovable? Según el Banco Interamericano de Desarrollo, diez países latinoamericanos, entre ellos Chile y Nicaragua, ya promueven efectivamente las renovables. Muchos de nuestros países – por ejemplo el mío, Costa Rica -aparecemos rezagados en comparación justo cuando más inversión pública y privada necesitamos en esta industria de futuro.

No podemos dejar que lo urgente vaya en detrimento de lo importante. Necesitamos una visión que gane apoyo en la política, en el empresariado, en la ciudadanía anclada en una sociedad moderna, limpia y segura.

Moderna por contar con matriz energética eficiente, red eléctrica descentralizada y transporte de siglo XXI.

Limpia porque diversifica a través de renovables, invierte en transporte público y no se distrae con proyectos que nos amarren al pasado.

Segura porque es guiada por ordenamiento territorial, construcción compatible con el clima que protege a la producción, el capital natural y lo más valioso: nuestra gente.

Sería lo justo.

Es hora de agrandar nuestra imaginación y convencernos de que sí podemos tener un país viable ante los grandes desafíos del siglo XXI.

*Directora de Costa Rica Limpia y Nivela.Org

Este artículo fue publicado en Diario Extra (Costa Rica 10 de Junio, 2014) y en www.costaricalimpia.org.

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