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Es hora de consolidar la energías limpias como tema prioritario en el debate electoral chileno (Parte I)

El 15 de diciembre de 2013 la expresidenta, Michelle Bachelet, ganó las elecciones en Chile. El tema climático fue el gran ausente en la contienda electoral. Este silencio es paradójico dada la creciente atención mundial hacia al cambio climático y a la alta vulnerabilidad de Chile frente a sus efectos.Además, Chile enfrenta un reto energético y en estas elecciones se perdió la oportunidad de tener un debate electoral y político sobre el actual impasse en el sector energía y sobre el cómo avanzar en la promoción de una matriz energética más limpia y moderna.En esta primera parte Annie Dufey y Nicola Borregaard delinean el reto climático chileno y resaltan el rol que jugó la sociedad civil en romper el silencio de la campaña en materia de energías limpias.

Las elecciones de 2013

El panorama electoral chileno en 2013 ha sido peculiar, marcado no solo por frecuentes cambios en la candidatura del oficialismo sino por la insólita situación de contar con nueve candidatos a la Presidencia. El 17 de noviembre de 2013, Michelle Bachelet, expresidenta por la Concertación (2006-2010) obtuvo el 47% de los votos, lo cual fue insuficiente para evitar una segunda ronda la que se realizó el 15 de diciembre. En el balotaje junto a Bachelet, participó Evelyn Matthei, la candidata del actual gobierno, la que fue derrotada por un 63%.

El tema climático fue el gran ausente en las elecciones presidenciales.Esto a pesar de la creciente atención mundial hacia este problema y a la alta vulnerabilidad de Chile frente al cambio climático. El país enfrentará crecientes desafíos de adaptación, incluida la ya evidente escasez de recursos hídricos en la zona centro y norte cuya disponibilidad no solo es fundamental para la población sino también para la producción minera y agrícola.

Si bien las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de Chile representan sólo el 0,26% de las emisiones globales, éstas presentan una de las tasas de crecimiento más altas entre los países occidentales y duplican el promedio del crecimiento mundial de los últimos 15 años. Las emisiones chilenas también superan con creces a las del resto de América Latina, ya sean medidas en términos de emisiones per cápita (3,84 versus 2,16 t/año de CO2e por habitante que es el promedio latinoamericano) o bien en intensidad de carbono por unidad del producto interno bruto (0,33 versus 0,26 kg CO2e por cada US$ PIB).

Ver el Gráfico 1 con el crecimiento promedio anual emisiones gases de invernadero de Chile en perspectiva comparativa.

Ante un escenario de posible inacción, las emisiones seguirán con la actual trayectoria de crecimiento y el país enfrentará dificultades para cumplir con su compromiso voluntario de reducción de 20% de sus emisiones al año 2020 con respecto a su línea base proyectada desde 2007 (la meta “20/20”).No hay forma de lograr esta meta sin introducir cambios en el modelo energético chileno dado que el sector energía es el principal emisor de GEI del país con el 73% del total. Un tercio de estas emisiones provienen de la industria de generación eléctrica cuya alza se explica en el aumento de la demanda y en la generación a través de carbón y diesel. Cumplir la meta 20/20 implicará reducir 27 millones de toneladas de CO2, lo cual es equivalente a total de las emisiones del sector generación hoy.Proyecciones MAPS Chile indican que a 2030 las emisiones del sector de generación eléctrica en Chile aumentarían al 46% sin no se introduce medidas de mitigación.

La situación energética de Chile es insostenible pues su matriz es de las más caras de América Latina, es alta en emisiones y además insegura desde el punto de vista de abastecimiento futuro. Sus impactos socio-ambientales también han llevado a un creciente rechazo social. Por lo tanto, será este nuevo gobierno quién tendrá que enfrentar el desafío energético. No solo desde el punto de vista del “costo”, sino también desde la necesidad de impedir la agudización de la ya preocupante carbonización de Chile para evitar una mayor dependencia de los combustibles fósiles como petróleo y carbón y mejorar la aminorada aceptabilidad social del sector.

Sin embargo, la reciente campaña electoral tuvo un patrón tradicional marcada por su foco en problemas como la educación, sistema tributario y cambios constitucionales y se le dio una prioridad secundaria el tema del abastecimiento energético futuro. Dado que la problemática climática estuvo ausente, cabe la pregunta: ¿Por qué los candidatos a la Presidencia no articularon sus propuestas para enfrentar el aumento desmesurado de las emisiones de GEI chilenas? Y dada la alta vulnerabilidad del país al riesgo climático – con consecuencias transversales para la para la economía, la producción, ecosistemas y población -, ¿No se beneficiaría Chile de haber tenido un debate electoral sobre como enfrentar estos impactos?

“Dada la alta vulnerabilidad del Chile al riesgo climático - con consecuencias transversales para la para la economía, la producción, ecosistemas y población -, ¿No se beneficiaría el país de tener un debate electoral sobre cómo enfrentar estos impactos?”

La comunidad internacional se prepara para acordar en 2015 un nuevo acuerdo climático con obligaciones de reducción vinculantes para todos los países. Chile, así como el resto de países de ingreso medio, deberá hacer la transición hacia sendas de desarrollo bajas en emisiones y adoptar metas de reducción jurídicamente vinculantes. ¿Por qué no hablar de este tema en el debate político chileno?

Un creciente escrutinio ciudadano de las propuestas energéticas

A nivel local, lo más tangible es el descontento de amplios segmentos de la sociedad chilena frente al modelo energético. El impulso de megaproyectos a carbón y de hidroelectricidad de embalse en zonas prístinas enfrenta fuertes cuestionamientos desde los distintos sectores de la sociedad, a un modelo eléctrico cuya matriz donde salvo la reciente aprobación de la ley que incrementa la participación de las energías renovables no convencionales a un 20% de la energía eléctrica al año 2025,es totalmente definida por el sector privado y sin que medie un sistema de planificación de largo plazo que evite la carbonización y otros importantes impactos socio-ambientales de la misma. El actual modelo de respuestas ad hoc no ha reducido la alta dependencia de fuentes extranjeras ni la vulnerabilidad antes shocks externos.

En ausencia de un giro de timón se continuará con la instalación de centrales de respaldo a diesel y termoeléctricas a carbón que seguirán carbonizando el futuro de Chile, anclándolo en un modelo energético contaminante del siglo pasado y que una mayoría de la sociedad chilena rechaza. El síntoma más claro del descontento ciudadano es la creciente judicialización de los proyectos eléctricos. Este panorama, junto a la ausencia de políticas nacionales para abordar los cuellos de botella, se traduce en una falta de proyectos para el período 2013-2018 lo cual –ceteris paribus—agudizará los problemas actuales: una matriz eléctrica aún más cara, mayores impactos ambientales y un rechazo ciudadano aún más agudo.

La sociedad civil ha puesto presión para que Chile promueva las energías limpias como respuesta al reto actual. Precisamente por esta razón se perdió en estas elecciones una oportunidad para debatir por qué y cómo lograr una matriz más limpia, menos cara y de mayor aceptabilidad social.

“En estas elecciones se perdió una oportunidad para debatir por qué y cómo lograr una matriz chilena más limpia, menos cara y de mayor aceptabilidad social.”

Dos tipos de escrutinio ciudadano se observaron en Chile:

Plataforma Escenarios Energéticos Chile- 2030

  • vMediante un análisis participativo sobre los impactos económicos y ambientales se mostró que en el largo plazo el escenario de mayor penetración de energías limpias posee un mejor desempeño ambiental (25% menores emisiones de GEI) y es económicamente más conveniente que los escenarios convencionales.
  • vEn las elecciones de 2013, esta Plataforma público-privada creó la iniciativa “Energía Presidencial” para ofrecer comparaciones de los programas energéticos de los candidatos a la presidencia y presionó a los candidatos a abordar con seriedad el tema energético. Esta Plataforma generó un necesario espacio de cara a las energías limpias y otros temas relevantes que habían quedado silenciados en elecciones anteriores.
  • En las elecciones de 2009-2010, se abordó el tema se había enfatizando la “necesidad de promover las energías limpias” y en la “necesidad” de incentivar a la eficiencia energética pero a nivel genérico sin identificaron instrumentos concretos sobre cómo avanzar en ello.

Chile Sustentable

  • La organización ciudadana chilena que monitorea y diseña políticas públicas en materia de desarrollo sustentable. Chile Sustentable creó el Observatorio Parlamentario Ciudadano ehizo escrutinio de las propuestas presidenciales en medio ambiente, energía, agua y glaciares y se hicieron publicaciones al respecto.

Una valiosa oportunidad

Las elecciones presidenciales ofrecen una valiosa oportunidad para que los candidatos expliquen como contrarrestarían las barreras a las energías limpias.

Hoy el reto pendiente va más allá de temas genéricos. El reto es pasar a un debate sobre cómo implementar lo que ya existe. ¿Cómo llevar a la práctica lo que está en el papel?

El escrutinio ciudadano deberá aumentar en elecciones futuras en Chile para que el abordaje de estos grandes temas sea más profundo y específico.

En las elecciones de 2013 las candidatas Bachelet y Matthei tuvieron que abordar el tema energético con más detalle que en las elecciones anteriores.Esto se debe en gran parte a los esfuerzos deliberados de un relevante grupo de actores diversos, incluidas organizaciones de la sociedad civil, por pedirles a las candidatas más información sobre dónde, por qué y cómo Chile destrabará el impasse en que se encuentra el sector energía y hará que su matriz energética sea más limpia y moderna.

En la Segunda Parte de este artículo comentaremos las propuestas concretas de las dos principales candidatas.

Nota de Nivela.Org: Este ensayo fue escrito antes de que Bachelet asumiera la Presidencia de Chile cuando ambas autoras trabajaban en la Fundación Chile.

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