Latinoamérica y la agenda climática pendiente: ¿Qué esperar en el 2018?

El 2018 promete ser un año clave en el camino hacia un desarrollo limpio y resiliente. Con el Diálogo de Talanoa acordado en la COP23 este pasado noviembre en Bonn, Alemania, el año que se avecina dará inicio a una conversación y revisión global de los esfuerzos que se están tomando y aún deben tomar los países para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Para Latinoamérica - que culmina un año en el que huracanes y lluvias torrenciales resaltaron la gran vulnerabilidad de la región frente al cambio climático - este es un llamado clave para potenciar lo bueno y romper con lo malo que puede dificultar lograr el desarrollo inclusivo y resiliente que urge. ¿Qué podemos esperar para el 2018?

Nivela conversó con tres expertas en políticas de desarrollo y cambio climático de Colombia, México y Costa Rica, quienes comparten sus expectativas y preocupaciones para la región con miras al 2018 con una reflexión sobre el crecimiento del sector de energías renovables, la necesidad de romper con la dependencia en los combustibles fósiles, y el rol clave de las ciudades, partidos políticos y la sociedad civil como catalizadores del cambio.

Nivela: Luego de participar en la COP, ¿qué avances rescatan del año con miras a 2018?

Mónica Araya: En la COP23 hemos vuelto a comprobar la vitalidad de la comunidad trabajando en el mundo real, por ejemplo en renovables o adaptación y la gestión de sus “ecosistemas" centrados en la oportunidad para emprendedores, para la creación de empleo y para el empoderamiento de consumidores. Se está rompiendo con la psicología de antes en la que una economía limpia o la reducción de emisiones eran percibidas como imposiciones injustas del "norte" industrializado. Ahora se entiende como una oportunidad autónoma para prosperar con fuentes no fósiles, dados los problemas que causa su consumo y su extracción.

Isabel Cavelier: En nuestra región, es inspirador ver por ejemplo que varios países de Latinoamérica y el Caribe han avanzado significativamente en la implementación de políticas públicas que hace una década eran impensables. Varios ya tienen impuestos al carbono, otros están pensando en hacerlo, y varios están considerando la creación de mercados voluntarios de emisiones.

Sandra Guzmán: Efectivamente, hay señales muy positivas de que el mundo ha aceptado que debe haber una transición energética por asuntos de seguridad, economía y protección ambiental. Es una batalla que hemos ido ganando. Lo que está ocurriendo en Uruguay, Chile y Costa Rica, por ejemplo, cuya capacidad de aprovechamiento de energía renovable va a la alza, al igual que en muchos de la región, es muy alentador. México, por su parte, se ha puesto la meta de alcanzar una producción de 35% de energía renovable para 2024 y aunque va lento, la creación de la Ley de Transición Energética está sentando las bases para avanzar en la materia, y el tema de las subastas y los certificados de energía limpia son parte de ello.

Nivela: ¿Cuáles actores impulsan cambios positivos en la región?

MA: El Acuerdo de Paris "nace" en un contexto urbano en disrupción. Es muy positivo ver el empoderamiento de los gobierno locales y la llegada de la llamada Nueva Agenda Urbana con otras voces conscientes del problema climático pero centradas en soluciones para la gente y la experiencia cotidiana. Llegan a este debate climático con un compromiso en materia de movilidad sustentable - un talón de aquiles en América Latina - y con claridad en que la problemática social no la podemos perder de vista. No es que tenemos una agenda "climática" que resolver que compite con "lo social". Más bien se reconoce que la pobreza empeora con los impactos climáticos y con fenómenos meteorológicos extremos. Tendremos nuevos socios y aliados en la transición hacia sociedades menos contaminantes, menos dependientes de hidrocarburos y más preparadas para enfrentar a los impactos climáticos que nos afectarán.

SG: Un ejemplo adicional es el avance y rol del sector financiero, que he estado siguiendo de cerca. Estamos viendo cada vez más ministros de finanzas hablando del cambio climático y observando que la banca multilateral de desarrollo también ha ido cambiando su portafolio. En 2016, el 22% de las operaciones del BID estaban relacionadas con la atención del cambio climático, y su proyección es que en 2020 crezca al 30% (BID, 2017). Es muy positivo ver estos cambios.

IC: También es muy alentador ver que van de la mano con el hecho de que el cambio climático está cada vez más presente en los medios masivos de comunicación y en las conversaciones comunes entre los ciudadanos. Veo que hay una cantidad creciente de ciudadanos interesados por el cambio climático, y que tienen la disposición y las ganas de ser parte del cambio.

SG: Yo creo en el rol de actores no gubernamentales. Veo a una sociedad civil cada vez más fuerte aunque no del todo unida, pero la acción y especialización que se ha venido dando en la región es motivo de esperanza. Desde el GFLAC, por ejemplo, nos hemos vuelto un actor importante en el debate sobre financiamiento climático y cada vez contamos con mayor colaboración no sólo con actores no gubernamentales, sino también con actores de gobierno que nos han depositado su confianza para apoyarles en la construcción de sus sistemas de monitoreo de financiamiento climático y en avanzar hacia la construcción de estrategias nacionales que permitan hacer frente al problema de cambio climático bajo un esquema financiero transparente, sustentable y coherente.

MA: El modelo estatal enfocado en acciones desde los ministerios y los gobiernos nacionales es insuficiente. La comunidad climática es demasiado diminuta y los Ministerios de Ambiente demasiado débiles y solos no podremos hacer esta gran transición. Así que llegó la hora de visibilizar todo lo que ocurre fuera del ámbito estatal.

Nivela: ¿Qué tendencias preocupantes ven en la región?

IC: Me preocupa que en muchos casos nos ufanamos de avances que, sin dejar de ser importantes, carecen de la ambición necesaria para alcanzar las metas globales que debemos cumplir para que nuestra región no vea su propio desarrollo en peligro. Un ejemplo claro es la movilidad eléctrica – aún nos falta mucho camino por recorrer. En particular me preocupa que hacemos con la mano y borramos con el codo: varios países siguen invirtiendo sumas cuantiosas en exploración y explotación de petróleo, muchos líderes políticos siguen afirmando que el gas es un combustible de transición, y muchos afirman sin pensar en las consecuencias que “seguiremos dependiendo del petróleo” por varias décadas.

SG: Efectivamente, aunque se ha promovido la idea de que el crecimiento económico puede darse “desacoplado” de un creciente aumento de las emisiones contaminantes, la innegable realidad de Latinoamérica es que sigue teniendo una fuerte dependencia en los combustibles fósiles, con sus ingresos atados tanto a hidrocarburos como actividades extractivas. Pocos países han comenzado sus reformas fiscales para buscar nuevas fuentes de ingresos, como Chile y México, aún con resultados limitados. A esto se suma que nuevas prácticas se han propagado para hacer extracción de recursos en zonas de difícil acceso, como es el caso de explotación en aguas profundas y fracking que requieren un uso masivo de químicos y cuyos impactos en la calidad del suelo y abastecimiento de agua son muy preocupantes. Me preocupa ver que no contamos con un aparato político y de Estado con la capacidad de transformarse a la velocidad que se requiere.

IC: Y en relación a ello, cabe mencionar que el 2018 será además un gran año electoral para toda la región latinoamericana, particularmente Honduras, Chile, Colombia, Venezuela, Costa Rica y Paraguay. Sin embargo, el cambio climático aún no es un punto central de las campañas políticas. Debería serlo. Es un punto de inflexión para nuestro desarrollo como países y como región.

MA: Me preocupa también ver que los partidos políticos aún son incapaces de integrar el imperativo de descarbizacion y resiliencia en sus planes de gobiernos como un tema medular de infraestructura, no sólo como un tema ambiental o “de ambientalistas”. Claro, hay mayor conciencia de que las renovables son buena idea y que la movilidad eléctrica es imparable. Pero como mencionó Isabel, aún se dice que es un transición que "durará décadas" y que en el interim se debe hacer proyectos con energías fósiles. Venden el gas natural como energía limpia. No asumen responsabilidades por crear el riesgo de amarre o "lock in" a fuentes de energía fósil y prolongar la dependencia de las mismas.

MA: Y, adicionalmente, también está el cabildeo de empresas petroleras y de gas, muy presente en los foros de energía organizados para expertos de la región en los que se abordan proyectos de infraestructura energética con casi absoluta desconexión de los impactos de dicha industria no sólo en el ambiente y en la salud, sino también en la democracia. No es claro que dichos lobbies tengan tanto acceso a los partidos políticos de forma gratuita, pero en nuestra región es difícil conocer el grado en el cual financian las campañas electorales. Necesitamos mucha más transparencia en materia de cómo influyen las grandes empresas petroleras y de gas en el diseño de la política energética.

Nivela: ¿Cuáles serán su agendas de acción para el periodo 2018-2020?

Isabel Cavelier: Mi agenda incluirá, primero, ampliar la Misión2020 a la región, con el objetivo de aumentar la conciencia sobre la urgencia real que existe de llegar al punto de inflexión de las emisiones globales en 2020. Segundo, ampliar la comprensión en nuestra región de que las acciones individuales cuentan y son críticas para resolver el problema del cambio climático. América Latina y su población sí cuentan, y somos necesarios como parte de la solución – no sólo como víctimas de los impactos del cambio climático. En tercer lugar, posicionar el cambio climático en el debate político - electoral y de política pública - en nuestros países, ya que debe ser un tema central de discusión en la agenda pública para que empecemos a tomarlo en serio. Y, finalmente, involucrar mucho más al sector financiero de la región, en particular los grandes inversionistas institucionales, como los fondos de pensión, en cómo dejar de invertir en actividades que representan riesgos enormes para la población, como los combustibles fósiles.

Mónica Araya: Mi agenda entre el 2018-2020 se dividirá en tres partes: a nivel de activismo seguire trabajando en la visión de Costa Rica sin Petróleo, con gran énfasis en la movilidad eléctrica pública y privada. A nivel analítico, quiero retornar a mi formación de economista y trabajar en temas de impuestos verdes, ya que necesitamos nuevas fuentes de ingreso fiscal de forma que dependamos menos de los impuestos a la gasolina. A nivel internacional, trabajaré en temas relacionados a la economía política de la transición a sociedades cero emisiones y los planes a 2050. Me interesa que no sean meros ejercicios académicos que ignoran el tema político, sino que en paralelo podamos identificar la dimensión política más compleja y cuáles son los sectores más problemáticos que, por el poder que tienen, pueden no solo impedir el cumplimiento de las metas de Paris sino los esfuerzos para aumentar su ambición.

Sandra Guzmán: Para mi el año 2018 será clave en muchos sentidos, por un lado, porque a nivel internacional se deben establecer las reglas bajo las cuales operará el Acuerdo de París, y también porque a nivel de la región muchos países vivirán cambios políticos con la llegada o restablecimiento de representantes de gobierno que podrán o no representar oportunidades de cambio. Como coordinadora del GFLAC buscaré al menos 3 cosas: 1) aprovechar el cambio de gobierno para acercar propuestas a actores clave, continuar y fortalecer la acción climática; 2) robustecer los esquemas de capacitación en materia de financiamiento climático y temas asociados en la región, pues nos hemos dado cuenta que este es un tema crucial; 3) seguir realizando investigación que ayude a mejorar la toma de decisiones en los temas que trabajamos y comunicar de manera más efectiva los resultados. Buscaremos hacer todo ello desde una óptica integral, basada en el marco de transparencia e integrando la visión climática con la de desarrollo, buscando con ello promover siempre que alcancemos un bienestar bajo en carbono y resiliente al clima que respete los derechos humanos, promueva la equidad de género y fortalezca la participación ciudadana. Como Sandra mi compromiso también es seguir avanzando en esto y en el fortalecimiento del rol de las mujeres en la defensa del planeta a través de la campaña Defensoras.

Nivela: Muchas gracias a las tres.

Sobre las panelistas:

  • Mónica Araya es Fundadora y Directora de Nivela y Costa Rica Limpia.
  • Isabel Cavelier es Directora de Visión de Transforma y Asesora Senior en Finanzas en Mision2020.
  • Sandra Guzmán es Fundadora y Coordinadora del Grupo de Financiamiento para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC).


*Esta entrevista fue llevada a cabo en línea por Ximena Carranza Risco, Investigadora de Latinoamérica de Nivela.

**Fotografía de portada por Ximena Carranza Risco.

Upcoming article sneak peek

Newsletter