No es momento de descansar: cómo proceder tras el acuerdo de París

La batalla de los argumentos científicos del cambio climático se ha ganado, las pruebas son abrumadoras, y en cuanto al debate sobre la economía del cambio climático también resulta cada vez más evidente que la toma de medidas climáticas no sólo no perjudica la economía sino que la beneficia. Tras el acuerdo de París, el nuevo reto será conquistar al público y ganarse su confianza, por lo que esto debería ser uno de los objetivos prioritarios de todos los países para el año 2016.

En la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), los gobiernos del mundo alcanzaron un nuevo acuerdo global sobre el clima. Se trata de un momento histórico porque es la primera vez que todos los países se comprometen a reducir las emisiones de gas de efecto invernadero y tomar medidas pertinentes de adaptación al calentamiento global.

Son cuatro los componentes principales del paquete de París: el acuerdo de París, el registro de contribuciones nacionales o compromisos estatales (contribuciones previstas determinadas a nivel nacional, o INDC, por sus siglas en inglés), el paquete financiero para la descarbonización y adaptación, y el programa de soluciones, es decir, el anuncio de promesas e iniciativas por parte de las autoridades municipales, provinciales y empresariales.

La cuestión del cambio climático no se resuelve sólo con la cumbre de París. Es importante, por lo tanto, insistir en la necesidad de abandonar el discurso de “éxito o fracaso” que tanto abunda en los medios. En términos prácticos, gran parte de la atención mundial se ha dirigido al primer bloque de contribuciones nacionales, las que abarcan el periodo 2020 - 2030. Algunas de las valoraciones advierten que si bien las INDC son un gran paso adelante, no sitúan al mundo en la trayectoria de temperatura media global que será necesario alcanzar a fines del presente siglo.

Por ello, es indispensable pensar cómo se pueden mejorar los compromisos nacionales y las promesas voluntarias de actores no estatales. El acuerdo de París debe incorporar un mecanismo claro que permita mejorar los compromisos nacionales, por ejemplo, cada cinco años. Los países en vías de desarrollo son cada vez más conscientes de su vulnerabilidad a los impactos climáticos y han insistido en la urgencia de los planes de adaptación de las INDC. Casi el 90 por ciento de las INDC incluye esta dimensión. Abordar la cuestión de la “pérdida y los daños” - el momento en que la adaptación puede ser demasiado difícil o directamente imposible - es muy importante para los países muy vulnerables, sin embargo no hubo consenso en las negociaciones.

Crear una base de apoyo a las reformas

Poner en marcha los planes climáticos implica necesariamente tomar una serie de decisiones gubernamentales como elegir fuentes de energía renovable en lugar de combustibles fósiles, promover el transporte público eléctrico y el uso compartido de automóviles, priorizar estrategias agrícolas inteligentes desde el punto de vista climático en lugar de estrategias de control de contaminación, elaborar una planificación más estricta del uso del suelo e implantar códigos de construcción que ayuden a las ciudades a adaptarse a los impactos climáticos.

Puesto que este tipo de cambios generan oposición por parte de los operadores tradicionales, es más probable que los responsables políticos los lleven adelante si hay una base de apoyo clara que respalde las reformas. Asimismo es necesario que la ciudadanía se involucre y monitorice las promesas climáticas para garantizar su cumplimiento y puesta en práctica. Es por ello que una de las tareas fundamentales para la puesta en marcha de los planes a partir de 2016 es facultar a las organizaciones y apoyar las iniciativas dirigidas a “traducir” el acuerdo de París al lenguaje del ciudadano a fin de que comprenda el acuerdo global y cómo influye en la vida de las personas.

Es necesario que los gobiernos envíen señales políticas del rumbo que van a tomar para cumplir los compromisos asumidos para 2030 y años posteriores en sectores fundamentales (por ejemplo, trayectorias de energía, transporte y agricultura). Deben crear mecanismos más sólidos para monitorizar el progreso, así como una estrategia más sofisticada para evaluar los costes y los beneficios de las medidas que se vayan a tomar. Estas señales políticas deben ir acompañadas de información sobre las oportunidades que surgen en cuanto a inversiones privadas, creación de empleo y ahorro en importación de petróleo. Esto es importante dada la tendencia que hay en los debates nacionales a concentrarse en los costes de las medidas climáticas. Tras el acuerdo de París, resulta necesario cambiar el discurso y hablar del coste de la inacción y los beneficios de la acción temprana.

La ciudadanía quiere participar en las decisiones sobre el clima

A la ciudadanía le importa el cambio climático. El 6 de junio de 2015, World Wide Views (un sitio de Internet público de diálogo entre ciudadanos creado por el Consejo de Tecnología de Dinamarca, incluido el Ministerio de Ecología) copatrocinó la consulta ciudadana más amplia hasta la fecha sobre el cambio climático y las negociaciones de Naciones Unidas sobre el clima. En la consulta participaron unos 10.000 ciudadanos de todo el mundo y hubo 97 debates en 76 países. Algunos de los mensajes más importantes que surgieron son:

  • Los ciudadanos consideran que las medidas climáticas ofrecen la oportunidad de mejorar la calidad de vida (66 por ciento).
  • Los ciudadanos creen que su país debe tomar medidas aunque otros países no lo hagan (79 por ciento).
  • Los ciudadanos consideran que la educación —programas sobre el cambio climático para un público más amplio— es uno de los instrumentos más importantes para ayudar a reducir emisiones (78 por ciento).

Dado que dos tercios de las emisiones globales provienen de los países en vías de desarrollo, es necesario innovar en estos países para definir estrategias de participación de la ciudadanía en la puesta en marcha de los compromisos anunciados en París. En algunos países, como Chile, Perú y México, hubo consultas a la ciudadanía para definir sus compromisos nacionales en París. Sin embargo, será necesaria mayor participación ciudadana en más países. Es fundamental convencer al público de los beneficios concretos asociados al hecho de elegir una energía más limpia (por ejemplo, menor contaminación atmosférica). En 2015, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ofreció un buen ejemplo. Explicó a los estadounidenses de qué modo influía el Plan de Energía Limpia en la salud, con la prevención de hasta 3.600 muertes prematuras, 90.000 ataques de asma en niños y 1.700 infartos no mortales en 2030. Además, publicó un video para explicar a los ciudadanos por qué el plan era un acierto.

La preocupación ciudadana por la contaminación atmosférica es cada vez mayor en casi todos los países en vías de desarrollo. Los ciudadanos consumen más, pero también exigen soluciones más limpias, lo que puede cambiar la situación respecto al paquete de París. En Latinoamérica, por ejemplo, dos consultas diferentes, una llevada a cabo por el gobierno de Chile y la otra por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en Costa Rica, revelaron que la principal prioridad ambiental en los dos casos era abordar el problema de la contaminación atmosférica, seguida por la gestión de residuos. Una consulta realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo a 5.000 ciudadanos de Bogotá, Colombia; Buenos Aires, Argentina; Lima, Perú; Ciudad de México y São Paulo, Brasil, también reveló que la ciudadanía quiere mejorar la calidad de vida, mayor transparencia en las políticas municipales y mayor participación en la toma de decisiones.

Esta consulta, junto con la de Chile y la de Costa Rica, demuestra que los ciudadanos entienden que el cambio climático los afecta. Quieren que los gobiernos se esfuercen más, no menos, en proteger la salud y el clima. Si algo ha quedado claro en París es que el cambio climático ha dejado de ser un problema meramente ambiental. También es un problema económico, social y político.

La batalla de los argumentos científicos del cambio climático se ha ganado, las pruebas son abrumadoras, y en cuanto al debate sobre la economía del cambio climático también resulta cada vez más evidente que la toma de medidas climáticas no sólo no perjudica la economía sino que la beneficia. Tras el acuerdo de París, el nuevo reto será conquistar al público y ganarse su confianza, por lo que esto debería ser uno de los objetivos prioritarios de todos los países para el año 2016.

Upcoming article sneak peek

What to Expect on Climate from Latin America's New Presidents?

Newsletter