Climate Deal 2015

¿Cuánto camino falta tras los INDCs? La mitad, dice UNEP

Aunque reconoce que las políticas y compromisos climáticos establecidos antes de la conferencia de París (COP21) son un paso histórico en la dirección correcta, el Informe sobre la disparidad en las emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) también es realista: este es apenas la mitad del camino.

Según este informe anual, que intenta determinar cuánta ambición climática falta en la reducción mundial de emisiones, la suma entre las políticas nacionales actualmente implementadas y los recortes propuestos en las contribuciones nacionales (INDC, en inglés) bajaría en casi 17% la cantidad de gases de efecto invernadero proyectadas para el 2030.

A pesar de esto, la brecha que quedaría para el 2030 (el plazo en que expiran estas primeras INDC) es gigantesca. ¿Qué tanto? Supera los niveles actuales de emisiones de China, el país que actualmente más genera gases de efecto invernadero a la atmósfera.

En términos numéricos, esta brecha es fácil de explicar. Para el 2030, la mejor ciencia disponible (del Panel Intergubernamental de Cambio Climático o IPCC) estima que el planeta emitirá unas 65 Gigatoneladas (GT) de dióxido de carbono o gases equivalentes, un aumento considerable sobre las 52.7 GT del 2014.

Hay un efecto positivo de las políticas actuales y los INDC, que permitirían reducir cerca de 11 GT en conjunto. En contexto, China actualmente libera cerca de 10.5 GT y un México, el principal emisor de América Latina, libera 0.72GT.

Para cumplir esta reducción, el mundo debe enfilarse hacia una transformación del modelo de desarrollo que heredamos del siglo XX y abrirle las puertas a una economía limpia y baja en carbono. Las energías renovables, la eficiencia energética, el transporte sostenible y la conservación forestal serán claves en el futuro.

Sin embargo, no basta. Con esa reducción apenas alcanzamos la meta global, pues los científicos han determinado que para ponernos en camino de una reducción significativa de emisiones, para el 2030 debemos liberar un máximo de 42GT.

Esto supone varios puntos importantes: hay que reconocer y oficializar esta brecha de emisiones y hacerla explícita en el acuerdo de París.

¿Por qué? Porque si el camino elegido para llevarnos hacia la meta de los 2°C solo logró avanzar la mitad del camino, esto debe quedar claro. Si la propia Christiana Figueres, secretaria general de la Convención Climática, reconoce que todavía estamos lejos de la meta, el texto debería también ser transparente con esto. Hasta ahora, no lo es.

Otros análisis han llegado a conclusiones similares: los INDC solo lograrán limitar el calentamiento del planeta hasta cierto punto (entre unos 2.7°C y 3.5°C, dependiendo de la metodología de cada análisis) y eso, por sí mismo no está mal. Ya volveremos a por qué no es tan negativo.

El segundo aprendizaje de este informe es la necesidad de ser más agresivos en nuestros planes climáticos, tanto en las mitigación de emisiones como en la adaptación a los impactos adversos del calentamiento global. Si no estamos logrando llegar a la reducción propuesta, hay que ser más ambiciosos en los recortes, pero al mismo tiempo prepararnos para un planeta más peligroso.

El mejor mecanismo para lograr este incremento de ambición son las revisiones cada cinco años. ¿En qué consisten? Son plazos en los cuales un país debe replantear sus metas previas y puede definir propuestas más ambiciosas.

Cuando se intentaron definir cómo serían los INDC, muchos países y organizaciones abogaron porque fueran de 5 años, para obligar a repensar las metas. Finalmente, se establecieron como planes de 10 años (el actual va de 2020 a 2030).

Ahora, el acuerdo de París puede definir revisiones obligatorias cada cinco años y es por eso que las brecha entre los INDCs y la meta de emisiones no es necesariamente fatal. Esta dará una señal clara de hacia dónde están avanzando en términos de mitigación, adaptación, tecnología y finanzas. Los planes actuales se diseñaron en 2015 para estar terminando en 15 años, ¿quién puede predecir cuánto costará la energía solar en ese año o cómo será la conservación forestal?

Así se traduce los números del informe sobre la disparidad de emisiones al contexto de las negociaciones climáticas: hay que sentar la ciencia en el mismo salón que los delegados y obligarlos a mirarla a la cara. Solo así lograremos un acuerdo que valga la pena en París.

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