Climate Deal 2015

La revista EcoAméricas entrevista asociado de Nivela Guy Edwards sobre COP21 y América Latina

La entrevista de la revista EcoAméricas se centra en el nuevo acuerdo de cambio climático y que lo podría significar para América Latina, los nuevos desafíos y oportunidades que presenta el acuerdo a la región; y por qué los debates nacionales en los países latinoamericanos (y todo el mundo) son necesarios enseguida para tratar el nuevo acuerdo, los planes nacionales climáticos y de desarrollo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿Qué significa para América Latina el acuerdo climático recientemente aprobado?

Los países latinoamericanos querían un sólido resultado de la conferencia de París. Aunque los países de la región difirieron en lo que debía estar en el acuerdo, coinciden en que su región es increíblemente vulnerable al cambio climático y que los impactos climáticos ya se están sintiendo. Ha habido un reciente abandono de la idea de que el cambio climático es un problema para el futuro para pasar a comprender que es algo que los responsables políticos de hoy deben enfrentar. Los ciudadanos de América Latina también son los más preocupados por el calentamiento global en el mundo en comparación con los ciudadanos de otras regiones. El Acuerdo de París tiene potencial para cambiar la situación y hacer que la región trace un nuevo camino hacia la construcción de economías sostenibles con baja emisión de carbono más prósperas y resilientes.

¿Qué nuevos desafíos presenta el acuerdo a la región?

América Latina es responsable de casi el 10% de las emisiones globales. Brasil, México, Argentina y Venezuela son los principales emisores de la región. Aunque América Latina no es un gran emisor mundial, las emisiones de su sector energético, incluyendo la generación de energía y el transporte, están aumentando rápidamente a medida que la demanda de energía y la propiedad de vehículos privados se disparan. Así que América Latina tiene un papel importante que desempeñar en la reducción de las emisiones globales. Los planes nacionales climáticos latinoamericanos, o INDC [Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional], presentados este año a la ONU no son actualmente suficientemente ambiciosos. En su mayor parte, no son coherentes con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura promedio mundial muy por debajo de 2 grados centígrados, que es una parte central del acuerdo. El nuevo acuerdo puede servir como una llamada de atención para la comunidad internacional, incluyendo América Latina, a reconsiderar sus planes climáticos y ampliar su ambición.

¿Qué nuevas oportunidades podría haber para la región?

El Acuerdo de París traza una nueva dirección de avance en la respuesta global al cambio climático. La señal a los responsables políticos y los inversionistas es que tenemos que hacer una transición rápida de los combustibles fósiles hacia las energías renovables. Este tipo de acción por el clima puede ser un catalizador para un mejor crecimiento, no un freno. Algunos países latinoamericanos están empezando a ver la acción por el clima y el desarrollo como objetivos mutuamente beneficiosos, y están bien posicionados para capitalizar algunas de las oportunidades, en particular la energía limpia. La región ya es considerada una de las grandes fronteras para la inversión en energía limpia, y ahora con el Acuerdo de París puede argumentarse con más fuerza aún a favor de los beneficios potenciales de centrarse en la energía limpia para generar empleo, atraer inversiones y mejorar la calidad del aire. Las políticas y metas en materia de energías renovables de los países podrían acrecentarse para capitalizar este potencial; y las inversiones programadas en combustibles fósiles deberían revisarse. El Acuerdo de París también tiene elementos muy importantes sobre adaptación a los impactos del clima, que es una prioridad máxima para América Latina. El diseño e implementación de planes nacionales de adaptación presenta una enorme oportunidad para que los países puedan obtener una mejor comprensión de su vulnerabilidad a los riesgos climáticos, a fin de que puedan desarrollar resiliencia.

Los países ricos prometieron una vez más cumplir con la meta de US$100 mil millones para financiar los esfuerzos de los países en desarrollo para reducir sus emisiones y adaptarse a los impactos climáticos. ¿Cómo encaja América Latina en esto?

Como región de ingresos medios, América Latina se encuentra en una situación difícil. Estas naciones no son una prioridad para el financiamiento para el clima mundial en comparación con los pequeños estados insulares y los países menos desarrollados. El financiamiento climático en América Latina está muy concentrado en Brasil y México, que reciben el grueso del mismo, seguidos por Chile, Colombia y Perú. Los proyectos de mitigación también reciben considerablemente más fondos que los esfuerzos de adaptación. El Fondo Verde para el Clima (GCF), que está bajo el control de la convención sobre el clima de la ONU, tiene por objeto ser el vehículo principal para financiar los esfuerzos de mitigación y adaptación de los países en desarrollo. Dos de los ocho primeros proyectos del GCF aprobados en 2015 están en América Latina: en el Perú existe un proyecto para el desarrollo de resiliencia de los humedales y un proyecto a nivel regional para bonos verdes por eficiencia energética. Cinco países latinoamericanos —Colombia, Perú, Panamá, Chile y México— han hecho promesas de financiamiento para el GCF. El papel del Banco Interamericano de Desarrollo así como de los bancos nacionales será crucial, especialmente durante este periodo de crecimiento más lento. La cooperación Sur-Sur también será fundamental: Brasil ha estado trabajando con sus vecinos amazónicos en protección del bosque tropical, y México está cooperando con sus pares centroamericanos para mejorar la adaptación y la resiliencia. Los países desarrollados deben incrementar su nivel de apoyo financiero, pero los países de la región también tendrán que hacer más ellos mismos, por ejemplo, eliminando subsidios perversos a los combustibles fósiles para liberar recursos presupuestarios para proyectos de desarrollo sostenible.

¿Qué sigue ahora?

En 2016 los responsables políticos deben tratar de comunicar el Acuerdo de París a los ciudadanos, centrándose en los beneficios de la acción por el clima y la mejora de la resiliencia. Las ciudades, la sociedad civil y el sector privado serán esenciales para asegurar que el acuerdo se ponga en práctica en sus países y para presionar a los gobiernos a hacer más ambiciosas sus INDC. En 2016 deben tener lugar conversaciones incluyentes y participativas a nivel nacional que vinculen el Acuerdo de París con los planes nacionales sobre clima y desarrollo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


Siga a Guy Edwards en Twitter @GuyEdwards

La entrevista fue publicada originalmente por EcoAméricas http://www.ecoamericas.com/en/issue.aspx

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