Los beneficios para Chile de una nueva economía climática

Chile está bien posicionado para definir las oportunidades de una economía climática, dado que cuenta con excelente capital humano tanto en cuanto a la gestión del cambio climático como a la gestión empresarial. Ahora necesita crear puentes para tener un debate más nivelado entre los costos y los beneficios asociados a una nueva economía climática.

Este año los gobiernos del mundo elaboran planes para enfrentar el cambio climático con horizontes a 2030. Cada país, sin importar el tamaño de su economía, deberá hacer su parte para resolver un reto global. Dada la alta vulnerabilidad de Chile ante los impactos climáticos, el país se beneficiará del esfuerzo colectivo de bajar las emisiones y aumentar la resiliencia ante los impactos y catástrofes. El sector privado tiene un rol vital que aportar a través de la innovación, tecnología y eficiencia.

Este año también se firmará un nuevo acuerdo global que entraría en vigor en 2020. Ante la pregunta de qué se espera del sector privado en el ínterin, Christiana Figueres, al mando del proceso de negociación del acuerdo, sugiere que los líderes empresariales deben aportar “visión, voz y acción”. Esto requiere un giro para identificar las oportunidades de una nueva economía climática y para crear condiciones favorables en la ejecución de los planes climáticos en la práctica. Chile está bien posicionado para definir las oportunidades de una economía climática, dado que cuenta con excelente capital humano tanto en cuanto a la gestión del cambio climático como a la gestión empresarial. Lo que se necesita es crear puentes y un debate más nivelado entre los costos y los beneficios asociados a una nueva economía climática.

Ya los economistas y expertos financieros del mundo han empezado la tarea. El Banco Mundial se ha dado a la tarea de visibilizar los costos para la economía africana o latinoamericana del cambio climático en este siglo. El Banco Interamericano de Desarrollo ya mide el costo fiscal del cambio climático en países de la región. Los investigadores del Fondo Monetario Internacional estudian los impactos de subsidiar con $5.4 trillones los combustibles fósiles. Este es el punto: no es ya un debate sobre el costo de reducción de emisiones sino de cuánto cuesta no adaptarnos a nuevas realidades climáticas.

No se trata de un debate solo del costo de reducción de emisiones sino de cuánto cuesta no adaptar Chile a nuevas realidades climáticas.

Una comisión global liderada por el ex Presidente Calderón de México examina desde 2014 cómo generar crecimiento y a la vez gestionar el cambio climático. Para ello integra de perspectivas de ex ministros de Hacienda, ex presidentes, líderes empresariales, inversionistas, alcaldes y economistas. Chile podría hacer algo similar: diversificar para gestar un planteamiento mucho más enfocado en buscar oportunidades económicas.

Esta semana la Comisión entregó su más reciente estudio. Muestra que al invertir en el transporte limpio, en construcción más eficiente, en una mejor gestión de residuos en las ciudades, los ahorros serían de US $17.000 millones para el año 2050. Como beneficio adicional se reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero y para 2030 dicho ahorro sería equivalente a todas las emisiones anuales de la India.

Un estudio del New Climate Institute se concentra en Chile. Los beneficios económicos del plan climático para París para el año 2030, según la meta más ambiciosa presentada en el borrador, generarían ahorro de al menos US $2,9 mil millones cada año por la reducción de importaciones de combustibles fósiles. Se prevendrían 700 muertes prematuras cada año por la mejora en la calidad del aire. Se crearían 7.000 empleos por un aumento en las inversiones de energía renovable. Es un ejemplo del tipo de análisis que permitiría una arquitectura de debate en la cual los costos no opaquen la discusión sobre los beneficios de los planes climáticos a 2030.

Chile es vulnerable al cambio climático y en particular la minería, la producción de vinos, la agricultura, las ciudades. Por eso sería de gran beneficio para la economía y la sociedad chilena hacer de lo climático una prioridad tanto en la gestión pública como la privada. El sector privado chileno es exitoso y ha cosechado muchas victorias. Las empresas tienen mucho que ganar si articulan una “visión, voz y acción” que lleva oportunidades concretas de colaboración, innovación e inversión. Chile es una país referente en la región y lo que haga tendrá el beneficio adicional de inspirar un efecto multiplicador mas allá de sus fronteras.


Adaptación de la versión publicada en El Mostrador, en Chile, el 21.09.15. Ver versión en línea aquí.

Mónica Araya dirige Nivela (@MonicaArayaTica) y Dieter Linneberg dirige el Centro de Líderes Empresariales contra el Cambio Climático y el Centro de Gobiernos Corporativos en Chile.

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