Climate Deal 2015

Los científicos le dan la bienvenida al Acuerdo de París

Sobre el acuerdo final:

Myles Allen, Universidad de Oxford: “Para lograr un equilibrio entre fuentes y sumideros de gases de efecto invernadero en la segunda mitad de este siglo es necesario reducir las emisiones de dióxido de carbono a cero. Parece que los gobiernos así lo entienden aunque no se atrevan a decirlo. De todos modos, si queremos que la probabilidad de no superar los 2 grados sea alta, debemos apuntar a un aumento de 1,5ºC; es sensato admitir que el escenario de los 2 grados tampoco puede decirse que sea muy “seguro”. Dicho esto, es un gran resultado. Chapeau a la diplomacia francesa”.

Johan Rockström, director ejecutivo del Centro de Resiliencia de Estocolmo: “Este acuerdo es un punto de inflexión en la transformación mundial de un espacio en la Tierra que se mantenga entre 1,5 y 2°C de calentamiento y permita operar de forma segura. París es el punto de partida global. Ahora necesitamos tomar medidas compatibles con la ciencia para cumplir la meta de la descarbonización en el año 2050 y el desarrollo sostenible”.

Steffen Kallbekken, director de investigaciones, CICERO: “El mayor logro de este proceso es el hecho de que más de 180 países hayan presentado objetivos de políticas climáticas nacionales. Es un acuerdo histórico que envía una clara señal a los responsables políticos, empresas e inversores para comenzar la transición hacia una sociedad de bajas emisiones y resiliencia climática”.

Chris Field, director y fundador del Departamento de Ecología Global del Instituto Carnegie: “El mundo ha llegado a un verdadero punto de inflexión con el histórico acuerdo de París, pero no es momento de autocomplacencia, sino de dar cabida a la ambición para alcanzar nuevas cotas de innovación y construir un sistema de energía limpia para el siglo XXI que permita lograr un desarrollo sostenible y proteger de manera integral a las personas y al planeta”.

Joeri Rogelj, IIASA, autor principal del Informe sobre la Brecha de Emisiones del PNUMA: “El nuevo texto del Artículo 4 brinda mayor claridad desde el punto de vista científico. Lo importante es que los valores de referencia relativos al nivel máximo global de emisiones y a la reducción de emisiones globales son compatibles con los objetivos marcados para el escenario de 1,5°-2°C de aumento temperatura. Falta mucho por hacer, pero es alentador observar que el acuerdo establece un proceso dirigido a facilitar el cumplimiento de esta ambición”.

Diana Liverman, directora, Institute of the Environment, Universidad de Arizona: “El preámbulo del acuerdo de París reconoce las obligaciones que deben respetar los países, promueve y considera los derechos humanos, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas, las comunidades locales, los inmigrantes, los niños, las personas con discapacidades y en situación de vulnerabilidad, así como el derecho al desarrollo, la igualdad de género, el empoderamiento de la mujer y la igualdad intergeneracional. Este reconocimiento de derechos y grupos particulares es un modesto triunfo de quienes reclaman justicia climática, pero ahora debe traducirse en acciones concretas que consideren explícitamente cómo influyen las políticas de mitigación, adaptación, daños y pérdidas, financiación y transferencia tecnológica en los derechos humanos, las mujeres y otros grupos, y de qué modo los benefician”.

John Schellnhuber, director del Potsdam Institute for Climate Impact Research: “Si hay acuerdo y se pone en práctica, las emisiones de gases de efecto invernadero se eliminarán en pocas décadas. Es coherente con las pruebas científicas que presentamos sobre lo que se debe hacer para limitar riesgos climáticos tales como fenómenos meteorológicos extremos o el aumento del nivel del mar. Para estabilizar el clima, las emisiones deben alcanzar su punto máximo mucho antes de 2030 y eliminarse cuanto antes después de 2050. Ciertas tecnologías, como la bioenergía, la captura y el almacenamiento de carbono y la forestación pueden ser útiles para compensar las emisiones residuales, pero la clave es reducir el CO2. Los gobiernos actuales tienen la oportunidad de hacer historia y que las generaciones futuras recuerden la cumbre de París por muchos siglos”.

Sobre el aumento de 1,5º C (citas de los dos últimos días de la COP21)

Joanna Haigh, profesora de física de la atmósfera y codirectora del Grantham Institute for Climate Change and Environment del Imperial College, Londres: “Hay que destacar la importancia de haber incluido la opción de 1,5ºC en el borrador del acuerdo, así como la ambiciosa trayectoria de reducir emisiones entre un 70 y un 95% para el año 2050 y eliminarlas del todo en la segunda mitad del siglo. El hecho de solicitar al IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) que elabore un informe especial para el año 2018 sobre el posible impacto de un escenario de 1,5ºC demuestra la seriedad de la intención. Puede que algunas de las opciones más ambiciosas no se incluyan en el documento final, pero el solo hecho de discutir seriamente estos objetivos es muy positivo”.

Chris Rapley, profesor de ciencias del clima de la University College London: “La inclusión en el borrador del texto de opciones para limitar el calentamiento global a menos de 2ºC, incluso de 1,5ºC, revela un cambio fundamental en el tono y el contenido de las negociaciones. Ahora que los países han declarado sus compromisos voluntarios de reducción de emisiones, la mira se ha puesto en elevar la ambición. Es un cambio histórico que podría anunciar al fin el comienzo de la “mejor acción colectiva de la historia”.

Myles Allen, Universidad de Oxford: “Aunque finalmente no se incluyan en el texto definitivo, el hecho de que figuren en el borrador indica que muchos gobiernos entienden que el escenario de 2ºC nos lleva a un territorio inexplorado, y que la única manera de estabilizar la temperatura sin recurrir a los espejismos de la geoingeniería es reducir por completo las emisiones de CO2”.

Simon Lewis, director de Global Change Science de la University College London: “Para que el acuerdo de París tanga solidez hay que empezar por el objetivo. Tanto si queremos limitar el calentamiento global a 1,5ºC o a 2ºC, debemos considerar tres ingredientes fundamentales. En primer lugar, la reducción de emisiones establecida en el acuerdo debe ser creíble desde el punto de visto científico. En un escenario de 2ºC esto implica reducir de inmediato las emisiones de gases de efecto invernadero hasta lograr eliminarlas a mitad de siglo (y generar emisiones negativas). En segundo lugar, los compromisos actuales de los países están muy por encima de los requisitos de los dos grados de aumento, por lo que es necesario poner en marcha un mecanismo que revise el progreso con transparencia y aumente el nivel de compromiso. En tercer lugar, será necesario un mecanismo de financiación sustancial y previsible para que todos los países, incluidos los más pobres, puedan pagar su parte en la reducción global de emisiones de las próximas décadas”.

Bob Ward, director de políticas y comunicaciones del Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment de la London School of Economics and Political Science: “En 2012 fui coautor de un trabajo publicado en la revista “Climatic Change” que evaluaba distintas trayectorias para las emisiones anuales globales de gases de efecto invernadero que podrían limitar el aumento del promedio global de la temperatura a 1,5ºC. El estudio demostró que resulta sumamente difícil seguir una trayectoria mundial que ofrezca un cincuenta por ciento de probabilidad de limitar el calentamiento global a 1,5ºC. Sin embargo, en la conclusión del estudio se afirma que con una reducción severa de emisiones, se podría limitar el calentamiento global de modo que no supere el valor de 1,5ºC por encima del nivel preindustrial durante más de cincuenta años, lo que posiblemente evitaría algunos de los impactos más alarmantes. Esta perspectiva será más real si, a medida que avance el siglo, se hace uso de tecnologías (por ejemplo, la utilización de bioenergía con captura y almacenamiento de carbono) que permitan eliminar con eficacia el dióxido de carbono de la atmósfera, lo que a menudo se denomina “emisiones negativas”. El estudio es compatible con el actual borrador del acuerdo de París, que incluye el objetivo de mantener el promedio global del aumento de temperatura por debajo de 2ºC respecto a los niveles preindustriales y poner en marcha iniciativas dirigidas a limitar el aumento de temperatura a 1,5ºC, lo que reduciría en gran medida los riesgos e impactos del cambio climático. Tal vez haya investigadores que vean con escepticismo la posibilidad de que los países cumplan este objetivo, pero es necesario que no confundan sus opiniones personales con la evidencia científica. Aunque es cierto que los científicos pueden ser sombríos en ocasiones, deben admitir que su pesimismo puede acabar siendo una profecía autocumplida. No dejaría de ser irónico que el pesimismo innato de algunos científicos acabara poniendo en peligro el intento de llegar a un nuevo acuerdo internacional para evitar el peligroso cambio climático.

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