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Elecciones en Uruguay, una perspectiva de clima y desarrollo

El 30 de noviembre el Frente Amplio obtuvo nuevamente el gobierno nacional en las elecciones en Uruguay. Tabaré Vázquez, que gobernó el país entre 2005 y 2010, volverá a conducir el gobierno nacional. Sin embargo, la cuestión ambiental y de sustentabilidad ha estado prácticamente ausente en los planteos políticos de los candidatos. Aunque los últimos resultados electorales permitirán a Uruguay una continuidad en sus políticas de lucha contra el cambio climático, el desafío será insertar estas políticas en una estrategia de sustentabilidad más amplia.

Una década de crecimiento y nuevos desafíos ambientales

El 30 de noviembre el Frente Amplio, un partido de sectores de izquierda, obtuvo nuevamente el gobierno nacional en las elecciones en Uruguay, con 54% de los votos emitidos en balotaje. Tabaré Vázquez, que gobernó el país entre 2005 y 2010, volverá a conducir el gobierno nacional. La votación del Frente Amplio fue mayor que lo esperado, aumentando su caudal de votos sin hacer acuso del desgaste propio de dos períodos de gobierno. Estos se caracterizaron por un crecimiento económico anual de 5.9% y un aumento en el bienestar en la población, aunque persisten problemas en áreas como educación y seguridad. Además de los logros de reducción de pobreza, Uruguay redujo la inequidad, y se mantiene como el país con mayor igualdad del continente.

En Uruguay el crecimiento económico está, como a lo largo de América Latina, ligado en buena medida a un aumento de las exportaciones y a un aumento de las actividades extractivas, en particular las agropecuarias. Por otra parte, desde el gobierno se han hecho esfuerzos por captar nuevas inversiones. Algunas de estas inversiones presentan mayor sustentabilidad, principalmente en el sector de fuentes de energía y emisiones (renovables y gas natural). Uruguay se perfila a ser uno de los países líderes en la incorporación de energía eólica. Sumada a la solar y la biomasa, esto generará una matriz eléctrica de menor intensidad de carbono. Una nueva planta regasificadora permitirá incorporar gas natural en la matriz de generación eléctrica y potencialmente en el transporte, aunque ha generado gran resistencia por sus impactos ambientales locales. Por otro lado, inversiones en sectores extractivos, como la forestación para celulosa, la intensificación agrícola, o un potencial proyecto de minería de gran porte presentan mayores impactos ambientales y han generado un número creciente de conflictos y voces divergentes. Los movimientos ambientalistas en Uruguay han sido tradicionalmente débiles aunque a raíz de estas dinámicas comienzan a ganar fuerza a partir de alianzas entre sectores muy disímiles.

Ambiente y cambio climático en el proceso electoral

Durante el proceso electoral, sin embargo, la cuestión ambiental y de sustentabilidad ha estado prácticamente ausente en los planteos políticos de los candidatos, que se han centrado en seguridad, educación, producción y economía. El tema sido reivindicado por algunas corrientes, o por nuevos partidos que han crecido pero sin llegar a adquirir representación parlamentaria.

A diferencia de las últimas elecciones, donde la izquierda carecía de un programa ambiental, ambos partidos presentaron programas ambientales. Estos programas plantean algunas propuestas de cambio institucionales, aunque distan mucho de plantear metas y resultados concretos y evidencian tensiones entre sus secciones económico-productivas y ambientales.

Resulta interesante que el cambio climático sea prácticamente la única excepción a la apatía ambiental electoral (podemos también mencionar la megaminería, tema de gran conflictividad). El tema ha estado presente en reiteradas ocasiones en el discurso de Tabaré Vázquez, el presidente electo, quien dio un impulso al tema durante su anterior gobierno, cuando en 2009 se generó el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático para dar respuestas coordinadas a la temática en el país. Con estos resultados electorales, es de esperar que las políticas climáticas cobren nuevo vigor, y se fortalezca la gobernanza climática nacional.

Uruguay en la plataforma internacional

Durante este último período de gobierno, el país ha tenido alta visibilidad internacional, haciendo honor a su tradición liberal con políticas de legalización del matrimonio homosexual, el aborto y la marihuana. El presidente Mujica ha saltado a la fama internacional como “el presidente más pobre del mundo”, logrando seducir a izquierdistas y liberales (The Economist eligió a Uruguay “Country of the year” en 2013). Con apenas 3.3 M habitantes, el país suele jugar por encima de su peso en el concierto internacional y tiene algunas cartas para jugar en las negociaciones internacionales de cambio climático.

En la COP20 en Lima es probable que el país apueste a una agenda proactiva, diferenciándose del G77 al mostrar compromiso con acciones tanto de adaptación como de mitigación. Esto puede basarse en los logros en el sector energético y soluciones innovadoras que se están implementando en el sector agropecuario donde, con más de tres vacas por habitante, el país tiene altos niveles de emisiones de metano que deberá abordar tarde o temprano.

En definitiva, los últimos resultados electorales permitirán a Uruguay una continuidad en sus políticas de lucha contra el cambio climático. El desafío es insertar estas políticas en una estrategia de sustentabilidad y desarrollo que implicará, además de una consideración explícita de esta dimensión en sus planes productivos, estar dispuesto a limitar algunas actividades de producción. Esto debería instalar algunas disyuntivas serias en el accionar del próximo gobierno.

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